Una noche en el metro

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metro-rail

Esa noche no fui molestado por los muchachos que venden discos. Más bien, reconfortaron mi viaje  como en ningún otro día, tal vez por el frío y lo cálido del metro o lo tibio de mi abrigo y bufanda.

Todo el día estuvo lloviendo, al igual que la noche anterior a este y la pasada, por lo que se vio reflejado en el frío de esta noche. Ya voy a mi casa, después d algunos días de descanso en la vieja cabaña de mis padres, agotado por las horas de viaje en tren, camión, ahora metro. Trato de mirar por la ventana pero lo único que veo es soledad y aun así me siento excepcionalmente cómodo en mi asiento, viendo pasar a la gente, gente que sube, gente que baja, algunos pensativos y otros con una sonrisa después de haber mirado el celular o al escuchar una canción que les recuerda algo hermoso.

Veo todo como si estuviéramos en invierno siendo que aun es verano, todos con sus bufandas y abrigos, algunos con sudaderas muy gruesas o chamarras rompe viento grandísimas, tal vez de una talla más grande que la del propietario pero sin embargo calientan su caminar erguido por el frío, que no es tan fuerte pero es significativamente avasallante.

Es una de esas épocas del año en las que el mundo se voltea como si viviésemos tiempos de cambios y no es para menos, el cambio climático  ah cambiado el mundo a como lo conocíamos hace sesenta años, en donde invierno era invierno y tenía que nevar y en la primavera lo contrario, tenía que hacer un calor endemoniado.

La señora de al lado, señora de indiscutible presencia y glamour placentero; mira su reloj con insistencia, esperando la hora de la cita con el amor que había esperado toda su vida, renovando así los votos de su cariño.

Y yo, en cambio, miro pasar el tiempo, solo sintiendo amor por el abrigo, deseando sentirlo por un cuerpo candoroso y tierno. Finalmente llegue a mi destino y al levantarme, miro de nuevo las estaciones, desesperado un poco por que se abren demasiado lento las puertas del metro y la chica y el chico y el vendedor sonriente sienten lo mismo, solo algunas, las personas dormidas, están mezclando la fantasía y la realidad del tiempo, relajándose un poco.

(Esta pequeña narración la escribí en el mes de diciembre del 2008)

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